Me cuesta conectar con la gente.
Me aburre hablar de temas comunes,
esos que generan charlas alegres,
donde nadie se expone y todos se reúnen.
Termino incomodando sin darme cuenta,
pero a veces a propósito, juego a provocar.
Prefiero ser intensa antes que ocultar
Y a veces me frustra que nadie lo entienda.
No voy a negar que hay algo de placer
en testear el límite, provocar, corromper
Siento que es ahí donde realmente nos podemos conocer,
donde una conexión de verdad puede nacer.
Tal vez es sólo cinismo pero siento que hay personas
que en la superficialidad están tan cómodas
que hasta ensayan una profundidad a medias para mostrar.
No les creo nada, pero no lo puedo demostrar.
No son psicópatas, sólo buscan felicidad.
A mi me gustaría tener aunque sea la mitad.
Pero les quiero explicar que no soy feliz si no hay verdad,
y que a veces es ignorancia, no maldad.
Pero también a veces soy mala,
así que entiendo que confunda.
Lo expongo como una verdad profunda
en chistes, poemas y hasta en la cama.
Hago preguntas incómodas para cuestionar
lo que se da por establecido y nadie quiere hablar.
Pero se percibe como ataque mi intención de filosofar.
Sólo quiero que vean lo que no tienen por qué aguantar.
Pero la insoportable soy yo, ya sé.
Si soy la que más me tiene que aguantar.
No me puedo bloquear, no me puedo callar.
Extraño fumar porro y poder olvidar.
Dejate de joder y ponete a jugar,
si total nunca vas a conocer a nadie de verdad.
Tengo ganas de relajar, pero las ganas no se van.
Tiene que haber alguien que me entienda en algún lugar.